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¿Defendemos los DDHH o nos defendemos de los DDHH?

                                                                             Teodoro Delgado Palacios
                                                                              Párroco de Pijilí
                                                                              Zona Minera de Azuay

La declaración de derechos humanos de 1948, da por supuesto que estamos de acuerdo con las instituciones de la sociedad burguesa que surgen a finales del siglo XVIII, que se consolidan en el siglo XX y que se derrumban en el siglo XXI, porque la sociedad burguesa reprodujo el despotismo y la intolerancia que quiso eliminar al combatir a la sociedad feudal.

Según aquella declaración tenemos “derecho a la protección de la ley” (Art. 7), ¿De qué ley?... ¿Hecha por quién?... ¿No son los dueños del poder y del dinero los que hacen la ley según sus conveniencias?... Y los que cuestionan la ley atentan contra los “derechos humanos” (Primera pared de la jaula)

Se declara también: “Toda persona tiene derecho a la propiedad” (Art. 17). ¡Cuán necesario fue redactar este artículo para proteger los bienes de los que habían acaparado todo! Quien pretenda quitarles algo, atenta contra los “derechos humanos”. (Segunda pared de la jaula)

Hace falta gente para que trabaje en beneficio de los dueños del capital. Entonces es necesario declarar: “Toda persona tiene derecho al trabajo ...y al salario” (Art. 23). Y quien pretenda instaurar un sistema alternativo distinto al neoliberalismo, atenta contra los “derechos humanos”. (Tercera pared de la jaula)

¿Qué hacer para que todos apoyen la ideología de los que “organizaron” este mundo a su manera?... ¡Fácil! ... “Toda persona tiene derecho a la educación”. Desde luego, a aquella educación que reproduce el sistema. Quien no la acepta, atenta contra los derechos humanos. (Cuarta pared de la jaula)

Falta una buena cubierta, para que a nadie se le ocurra volar: “Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración” (Art. 30)

Ya tenemos la jaula completa, es fuerte, es segura, “es lo mejor que se ha podido conseguir”, y lo único que queda es darles a los “pajaritos” unos cuantos derechos para que puedan volar “libremente”, dentro de la jaula y posarse en las instituciones que configuran la jaula. Si algún “pajarito” pretende romper la jaula para explorar alternativas, es acusado de estar en contra de los “derechos humanos” (“terrorista”) y le cortan las alas, o  le excluyen colocándole en un rincón olvidado de la jaula, o  le eliminan.
    
Significa que hay opresión en nombre de los “derechos humanos”. ¿Vamos a defender estos “derechos” que justifican y consolidan el sistema de muerte? ¿Vamos a defender estos “derechos” sabiendo que en su nombre los dueños del poder y del dinero han invadido espacios y han defendido sus mezquinos intereses?…

¿En dónde queda el derecho a la rebeldía, a la resistencia?… ¿En donde queda el derecho a vivir nuestras alternativas sin que nos bloqueen?…

Estas reflexiones y preguntas nos llevan a pensar en una propuesta que consiste en elaborar una declaración de DERECHOS HUMANOS desde los pueblos pobres, desde los invisibilizados, desde los excluidos. En realidad, nuevos derechos se proclaman desde distintos rincones del planeta: derechos de los pueblos pobres, derechos de las mujeres, derechos de los pueblos indígenas, derechos de los negros, derechos de los incapacitados, derechos de los jóvenes, derechos de los niños, derechos de nuestro mundo, del medio ambiente… Lo que cuenta es seguir abriendo espacios en los cuales confluyan todas las voces, y desde los cuales se pueda proclamar una declaración que reúna las aspiraciones comunes.

No podemos renunciar a la expresión: DERECHOS HUMANOS, lo que debemos hacer es darle un nuevo contenido con fuerza liberadora.

 

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